Sofía salió del edificio y se encontró con su esposo, quien la miró con preocupación.
—¿Qué haces aquí?
La joven le mostró una sonrisa, se acercó y depositó un beso en los labios de su amado.
—Hice lo que me pidió tu padre, tengo la conciencia tranquila.
Darío miró a los guardaespaldas, jamás imaginó que ella se atrevería a ir a la boca del lobo, sola.
La miró de pies a cabeza, parecía estar bien, sin un solo golpe o moretón.
—Te expusiste al peligro sin decírmelo.
—Tengo a diez de tus h