Y lo peor de todo, la culpa más amarga que la carcomía por dentro, era reconocer que una parte de ella moría por volver a caer en sus brazos, por sentir otra vez la salvaje pasión de sus besos.
Se sacudió la cabeza con violencia para ahuyentar los pensamientos. «Basta, Lia. Reacciona», se recriminó en silencio. Adrián estaba comprometido con Irma. Don Simón había sido categórico al pedirle que se alejara de su nieto para evitar un escándalo que empañara el apellido Valenti. Ella no podía permit