—Lia... me gustas mucho —confesó Fabián, mirándola directamente a los ojos—. Me gustaría que me dieras una oportunidad... que fuéramos novios formalmente.
Lia se le quedó mirando en silencio por unos segundos. Fabián era un hombre atractivo, noble, atento y sin los dramas tortuosos que la perseguían últimamente. Sin embargo, su mente era un caos total.
—Déjame... déjame pensarlo, ¿sí? —respondió ella con una sonrisa tímida.
Fabián sonrió ampliamente; interpretó su respuesta como una puerta abie