Sombras en el espejo y el llamado del destino
En la penumbra del elegante salón del penthouse, la atmósfera era sofocante, densa por el humo imperceptible del desencanto. Adrián permanecía de pie junto al enorme ventanal de piso a techo, sosteniendo un vaso de cristal bajo con tres cubos de hielo y dos dedos de whisky escocés. Observaba el mar de luces de la metrópoli, pero su mente no estaba allí. El alcohol ardía en su garganta, incapaz de amortiguar la extraña y fría vacuidad que lo invadía