¿NO TE ALEGRA VERME?
Natasha se agarraba con firmeza al espaldar de una de las sillas, sus nudillos blancos por la tensión. Gregori, su padre, exhalaba el humo de su puro y chasqueaba la lengua con desdén.
—¿Qué?! ¡No! ¡No puedes hacer eso, papá! —gritó Natasha, mientras se agarraba con firmeza al espaldar de una de las sillas, sus nudillos blancos por la tensión. Gregori, su padre, exhalaba el humo de su puro y chasqueaba la lengua con desdén y la miró con frialdad.
—Esto es lo que harás y punt