NO DEJARE QUE TE HAGAN DAÑO.
NO DEJARE QUE TE HAGAN DAÑO.
El disparo resonó en el salón y Alexei sintió cómo la sangre se le helaba en las venas, su corazón latía con fuerza desbocada.
—¡Tatiana! —gritó, rompiendo el silencio.
Los guardaespaldas de Marco se dispersaron, algunos corrieron hacia la salida, otros levantaron sus armas en señal de alerta. Alexei no perdió tiempo, su instinto de supervivencia y su amor por Tatiana lo impulsaron a moverse rápidamente.
—¡Atrás! —ordenó a sus hombres —. ¡No dejen que nadie salga de