“TRECIENTOS MIL EUROS”
Serem escuchó como aquellos hombres de aquel asqueroso público se enloquecieron del todo cuando anunciaron el turno de subastar a la virgen. Se maldijo por no haber entregado esa m*****a virginidad a cualquier extraño de su pequeño pueblito antes de verse terminar envuelta en esa penosa situación de la que no parecía poder escapar de modo alguno. La puja por ella había comenzado y escuchaba aquellos hombres gritar sumas exorbitantes por tener algo tan fugaz como su himen.