52 NO HAY PROSTITUTA VIRGEN
Serem salió de la su curso, y muy calmada tomó un taxi a casa. Ya no se sentía la misma, no era la misma. Ahora constantemente sentía la necesidad de verlo, de tenerlo, de olerlo, de pensarlo. Yagiz se había convertido en unas pocas semanas en el centro de su existencia.
Estaba totalmente clavada al cuerpo de Yagiz, tanto que le dolía demasiado alejarse de él, aunque era lo suficientemente inteligente de saber que no podía sencillamente estar abrazada al cuello de