Alessia Vittoria Bellerose
La iglesia vuelve a mí, el vestido, los murmullos, el celular sin respuesta, mi madre diciéndome que no hiciera una escena, Amara abrazándome en la limusina, Amara llorando conmigo, Amara diciéndome que yo merecía más.
La miro y siento que algo dentro de mí se parte en un lugar del que no se vuelve igual.
—Me consolaste —lloro, apenas.
—Claro.
Su sonrisa se vuelve cruel.
—Tenía que ver de cerca mi obra.
La rabia llega tarde. Pero llega. Pura. Ardiente.
Me lanzo hacia