Dante Salvatore Valcárcel
Me quedo mirándola. Ella no baja la mirada. Hermosa. Furiosa. Mía. No como propiedad. Como la mujer que elegí para que sea mi dolor de cabeza.
—Cinco minutos con Rocco —digo al fin—. Solo él me informa. Nadie más entra.
Alessia respira.
—Cinco.
—Diez.
—Cinco.
—Siete.
—Cinco, Dante.
Cierro los ojos. Estoy demasiado débil para negociar con una mujer que aprendió de mí.
—Cinco.
El doctor parece satisfecho. Rocco también. Alessia, no. Ella se sienta de nuevo junto a mí com