Alessia Vittoria Bellerose
La sangre de Dante no se quita de mis manos. Froto mis dedos contra la tela de mi vestido mientras los hombres de Rocco lo llevan por el pasillo principal de la mansión, pero el rojo sigue ahí, metido en las líneas de mi piel, debajo de mis uñas, en mi pecho, en mi garganta.
Dante está vivo, eso repito, está vivo. Tiene que estar vivo, no acepto otra cosa.
—¡Preparen la habitación del ala norte! —grita Rocco mientras sube las escaleras junto a dos hombres que cargan a