Alessia Vittoria Bellerose
Isadora deja de sonreír cuando nos ve entrar de la mano. Ese pequeño detalle me da más fuerza de la que quiero admitir.
No porque necesite que ella se sienta derrotada. No porque Dante sea un trofeo que deba presumir. Sino porque, por primera vez desde que todo comenzó, no entro a una habitación sintiéndome como la mujer abandonada, usada o traicionada.
Entro como alguien que ya decidió no retroceder. Dante camina a mi lado. Su mano sostiene la mía con un apoyo, pero