Dante Salvatore Valcárcel
Alessia responde de inmediato. Sus manos suben a mi cuello, se enredan en mi cabello, me atraen hacia ella como si también hubiera estado esperando este momento desde que salimos vivos del casino.
La levanto sobre la mesa sin separar mi boca de la suya. Los documentos de Rafael caen al suelo. El chip rueda sobre la madera. La memoria queda olvidada junto a su cadera. Por una vez, la guerra espera. Alessia abre las piernas para dejarme acercarme y me rodea con ellas. El