CAPÍTULO 24
Marcos podía asegurar que lo que esa chica despertó en él había sido amor a primera vista, y la segunda vista había sido muy buena, también; así que creía que estaba bien hacer lo que en sus manos estuviera para tenerla cerca.

El joven tenía en su corazón la extraña sensación de que esa chica, tan parecida a Marcela en algunos aspectos, podía ayudarlo a sanar su corazón.

Y es que, para él, el haber perdido a su primer amor le había dejado con la sensación de que algo había quedado inconcluso dentro de él, algo que posiblemente podría sanar ayudado por María; además, de verdad le gustaba el trabajo de la chica, así que mataba dos pájaros de un tiro ayudándola.

—Marcos, yo —comenzó a hablar María, y Marcos le tomó la mano mientras negaba con la cabeza y le miraba con algo que parecía una mezcla de súplica y compasión.

—No, no puedes negarte —declaró el joven hombre—. Te marcaré cuando les debas dar de comer a los peces, así no lo olvidarás, y te pondré condiciones para quedarte: no puede
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