A las seis de la tarde, tras salir de la ducha con la que pretendía quitarse el cansancio del día, volvió a tomar el teléfono y envió un mensaje a ese número que había guardado entre sus contactos apenas unas horas atrás.
“Hola, Marcos, soy Mari.”
Eso era todo lo que contenía el mensaje, uno que, para su sorpresa, tuvo respuesta inmediata.
Cuando la llamada de Marcos Durán comenzó a figurar en su pantalla, el corazón de María se detuvo. No lo esperaba, así que le sorprendió; y, aun cuando la