«No quiero nada más de ti, ni contigo, así que vete.»
Las palabras resonaban con fuerza en su cabeza, y ni así lograban cobrar sentido. Ella decía que él estaba loco, pero Javier comenzaba a sospechar que la loca era ella.
—Estás sobreactuando —dijo el joven intentando calmar a María.
Pero no había manera de que esa absurda crítica le hiciera tranquilizarse. María abrió la boca enorme, mirándolo fijo, al fin, y luego sonrió como lo que él la creía justo en ese momento: como una total loca.
María