—tendremos mucho tiempo para ambos— interrumpe Miguel— pero lo que no puede esperar son mis ganas de besarte, mi Dulce María.
Miguel la atrae y ella se pierde en la guapura de su hombre, dejando su incertidumbre a un lado y dejándose llevar por ese beso de amor, de esos besos que llegan al alma haciendo olvidar los malos ratos. ¡Qué lindo es el amor!
—no quiero estar más lejos de ti, quiero que seas mi esposa. Vamos a vivir juntos, te prometo que te voy a hacer feliz, mi Dulce.
—vamos con calma