La hizo suya hasta el cansancio, la dejó sin aliento, tanto, que Julieta quedó profundamente dormida. Mientras que Máximo la observa detenidamente, su rostro, su cabello, su fino cuello, sus pechos, cintura, lo que ahora es de él y esas piernas que provocan.
—eres solo mía— musitó. A pesar de que la formó varias veces, quería más de ella, por lo menos le soportó el ritmo para ser una primeriza. —¿Qué mierdas estoy pensando?— coloca sus manos sobre su cabeza, jalando un poco su cabello por la fr