Julieta se asustó y por poco su cabeza pega al parabrisas si no hubiera puesto sus manos. —¿Qué te pasa?— la reclama
—¡No puedes cuestionarme nada! ¿Entendiste? Eres mía, soy tu amo, y no puedes decirme nada.
—conmigo no funciona ese tipo de tratos señor
—¡Pues te aguantas!— le grita y luego le propina un puño al volante del auto para desahogar su cólera y no decirle algo ofensivo —¡Estás celosa!
—está equivocado señor
—no me mientas, conozco a las mujeres como tú
—le informo que no soy co