La suavidad de la tela de mi vestido parecía potenciar la sensación de sus manos en mi piel, y me sentía envuelta en una sensación de calor y comodidad. Era como si el vestido estuviera diseñado para maximizar el placer de su tacto, y yo me sentía afortunada de poder experimentarlo.
—Bruno—susurre su nombre cuando presiono mis pezones con fuerza.
— Silencio —me dijo, su voz baja y firme.
No dejó de tocarme, por el contrario ahora sus caricias estaban en mis piernas, subiendo mi vestido.
— ¿Teng