VERONICA
Paso su mano por mis glúteos, levantándome el vestido y suspire cuando la palma acaricio mis glúteos expuestos ante sus ojos.
—Estas mojada—acuso y cerré mis ojos—tanto me deseas.
—Me deseas, ¿verdad? —preguntó Bruno, su voz baja y sensual.
—Sí, amo —respondí, mi voz apenas audible—. Te deseo con todo mi ser. Quiero sentir tus manos en mi piel, tu boca en la mía.
Bruno se acercó a mí, su mirada intensa y ardiente. —Yo también te deseo —dijo—. Quiero poseerte, hacerte mía.
Me sentí un e