VERONICA
—Papá, por favor, no es momento para que discutamos —le dije, tratando de mantener la calma.
—¿Entonces cuándo, Verónica? ¿Cuándo vamos a tener esta conversación tú y yo? —respondió él, su voz cargada de frustración.
—No lo sé, pero no creo que sea este el momento. Hace tiempo que no vengo a casa y quiero pasar un día agradable con ustedes —intenté explicar.
—No vienes a casa porque tienes miedo de afrontar tus deberes —afirmó él, su tono acusatorio.
—No, no vengo a casa porque no quie