VERONICA
—Así que esa es tu nueva adquisición —dijo Almir, su voz llena de curiosidad—. ¿Cómo se llama?
—No tiene nombre —respondió Bruno—. Al menos, no todavía.
Almir se rió suavemente.
—Ah, entiendo. Una suma en blanco, esperando a ser moldeada.
Bruno asintió con la cabeza.
—Algo así.
—Me gustaría ver cómo se desenvuelve —dijo Almir, su voz llena de interés—. ¿Puedo?
—Pero no será esta noche —dijo Bruno, su voz firme y autoritaria.
Almir se rió suavemente.
—¿Ah, no? —dijo, su voz llena de sor