El corazón de Cristóbal no podía más con la angustia.
Habían transcurrido alrededor de seis horas y nadie le daba razón de su esposa. ¡Sentía que enloquecía!
Durante todo el tiempo en el que Amelia estuvo en Quirófano, Brazilia llamó en más de una ocasión.
— ¿Qué noticias tienes, hijo? Estoy con el corazón en la boca de la angustia.
— Todavía nada. Sigo sin tener razones — respondió el CEO Cristóbal con pesar. ¿Qué diablos estaba pasando allí dentro que nadie salía a decirle nada?
— Dios, cariño