“Seguro que sí” le digo finalmente, empujando su pecho para que se desplome en la cama a mi lado. “A los gallitos engreídos como tú siempre le gustan las cosas así”.
Me arrastro sobre él y desabrocho sus jeans. Levanta las caderas para que pueda deslizarlos por sus piernas. A través de sus bóxers, puedo ver su imponente erección.
Entonces deslizo también los bóxers, dejándolo al descubierto, y Dante pone las manos detrás de la cabeza, apoyándose para tener una mejor vista.
Subo lentamente po