DANTE
LA MAÑANA SIGUIENTE
No confío en Amira.
Me ha dejado claro que tampoco confía en mí, pero puedo entenderlo. Soy el Don de la Bratva Romanoff. Ella es solo una condenada veterinaria.
Debería poder confiar en ella, pero no puedo evitar un inquietante sentimiento. Está demasiado cómoda con todo lo que ha sucedido en las últimas veinticuatro horas. Lo está manejando mejor de lo que lo harían muchos de mis propios hombres.
El parto.
Ser interrogada en la habitación del hospital. Que le dispara