La convivencia diaria no mejoraba en nada la relación entre Calisto y Abner y una densa tensión reinaba en el departamento. Lo único bueno del asunto era que los amigos del chico dejaron de ir tan a menudo como acostumbraban.
Podían haberlo sobrellevado, pero después de lo que sucedió, era realmente incómodo, sobre todo por el hecho que ambos iban en contra de un sentimiento que ya se les había arraigado dentro.
Se engañaban a sí mismos de manera olímpica.
Abner seguía empeñado en encontrar a