—¿Qué pasa?, la maestra dijo que habías estado muy serio hoy en clase — preguntó Abner con preocupación a su pequeño hijo.
Este hizo un mohín mientras jugueteaba nervioso con la tela de su suéter.
— Matthew — lo llamó su padre echándole una mirada por el espejo retrovisor del auto y usando el tono de voz con el que el chiquillo sabía que no podía negarse a hacer lo que su padre pedía.
El niño de cabello castaño, ondulado como el de su madre, piel clara y unos bellos ojos color pardo, herencia d