Nadie sabe lo que tiene. Capítulo 38: ¡Ellas son mis hijas!
Laudina sintió las primeras contracciones, se levantó, esperando que pronto pasaran, caminó de un lado a otro mientras su mirada periódicamente se posaba en la cama donde su esposo dormía por fin plácidamente, después de haber pasado horas trabajando.
Otra contracción la atravesó y un leve quejido salió de sus labios, pensó que su esposo no se daría cuenta, pero este se sobresaltó, empezó a buscar a los lados, y cuando la vio en la puerta del baño, se paró de un salto.
—Laudi mi amor —la llamó—