Nadie sabe lo que tiene. Capítulo 37: La dulce voz de un ángel.
El corazón de Angus martilleó con determinación. Pivotó sobre sus talones, dispuesto a lanzarse tras su figura en retirada. Pero justo cuando daba el primer paso, el estridente timbre del teléfono rompió el silencio de la casa.
La vacilación brilló en sus ojos. La urgencia de la llamada le ató y le hizo retroceder.
Se acercó al teléfono, con los músculos tensos, por una mezcla de desgana y deber. Levantó el auricular y se lo acercó a la oreja.
—Aló, ¿Quién habla? —Su voz era un rumor bajo, im