Nadie sabe lo que tiene. Capítulo 13. Malos entendidos.
Los ojos de Laudina se abrieron a la luz del amanecer, con el corazón encogido por la expectación. El teléfono de la mesilla permanecía en silencio, con la pantalla oscura e inflexible. Había esperado despierta la llamada de Angus, con la esperanza diluyéndose hasta altas horas de la madrugada, y justo cuando se quedó dormida, la llamó.
Lamentablemente no pudo conversar bien con él, porque con lo somnolienta que estaba solo le había entendido el 20% de lo que le dijo.
Y ahora estaba impaciente