Nadie sabe lo que tiene. Capítulo 12. Por derecho propio.
Leonor estaba sentada en el borde de su lujoso sillón de terciopelo, con la mirada fija en la puerta, todavía con el teléfono en la mano.
El suave chasquido de sus uñas golpeando en el auricular. Su corazón aleteando como un pájaro enjaulado a cada segundo que pasaba mientras escuchaba el desahogo de su mejor amigo.
La penumbra de la mañana seguía apoderándose de ella, una espesa niebla de consternación provocada por su discusión con Donova.
“¿Es en serio? ¿Por qué no quieres que te busque?”,