123. Ni frío, ni calor
123. Ni frío, ni calor
Parker se quedó de piedra, la mano apretada sobre el picaporte, sus dedos perdieron el color, la tensión recorrió cada centímetro de su cuerpo mientras clavaba los ojos en el rostro demacrado de Hanna.
Ya no era la mujer que conoció y parte era su culpa. Jamás debió involucrarse con ella y, mucho menos, seguirle el juego. No iba a escudarse diciendo que se había dejado manipular por ella.
Lo había hecho, pero con el conocimiento de lo que hacía. En ese momento solo vivía