157. Mi razón de ser
157. Mi razón de ser
—¡Aah…! ¡Aah…!
Los gemidos llenaron de nuevo la habitación. Layla besó el cuello de Nathan, moviéndose sobre su erección.
Las caderas estaban sincronizadas.
Nathan echó la cabeza atrás, se mordió el labio apretando las caderas de su esposa, embistiendo desde abajo.
Layla lucía como una preciosa amazona sobre él; sus pechos al viento flotaban con los movimientos al aire.
Era preciosa, pero él quería más.
Con un rápido movimiento, Nathan intercambió sus lugares. Se coló entre