CAPÍTULO 37. Un hombre cavernícola
Mark parecía una estatua furiosa, pero cuando levantó la vista hacia ella, lo que Lauren encontró no fue rabia, sino una determinación fría.
—Te vienes a vivir conmigo.
Ella lo miró con aquellos ojos todavía húmedos. Sentía el cuerpo entumecido, como si todavía estuviera saliendo del desmayo, pero aquella frase la devolvió de golpe a la realidad.
—¡No puedes decidir eso por mí! —respondió, intentando que su voz sonara firme, aunque el temblor la traicionó.
Mark dejó el teléfono sobre la mesa con