CAPÍTULO 11. Castigada y avisada
Pero era demasiado. Las vibraciones, sus dedos, la forma en que su cuerpo estaba expuesto y vulnerable, todo se combinaba en un torbellino de sensación que la llevaba inevitablemente hacia el precipicio.
—¿Qué tan perverso sería decirte que esa no es una amenaza? —gimió Lauren sin poder evitarlo y los dedos de Mark encontraron su clítoris de nuevo, frotando en círculos apretados mientras la vibración interna la llevaba al borde con una rapidez alarmante.
—Bueno… entonces un castigo especial par