CAPÍTULO 12. Condiciones no negociables
La noche se consumió entre jadeos desesperados, gemidos sordos y un clímax tras otro, cada uno más devastador que el anterior, hasta que Lauren ya no supo cuántos eran.
Mark no la dejó dormir. No de verdad. Cada vez que Lauren lograba un solo respiro, él volvía a buscarla, a rodearla con su cuerpo, a atraerla hacia sí como si temiera que desapareciera si aflojaba el agarre. No había prisa, pero tampoco había delicadeza; solo una intensidad constante, una forma de atención que la dejaba exhausta