MARCOS SAAVEDRA
Una caricia dulce, un beso suave en mis labios y su aroma torturándome. Podía verla entre la bruma, así como a sus encantadores ojos azules, sus labios rosas y su piel tersa. De pronto sentí su boca en mi oído, pronunciando suavemente: «despierta».
Abrí los ojos, conectándome de nuevo con la realidad. Me quedé por un momento estático sobre la cama, queriendo saborear aún su presencia en mis sueños, el único lugar donde todavía la podía tener. Cuando mi cuerpo terminó de despert