ANTONIO LARREA
Besé su mano en silencio y abrí la puerta de la habitación de Katia. Ya no podía seguirle mintiendo.
—Se una buena niña, como siempre… —contesté dejándola en el interior. Cerré la puerta lentamente, siendo sus ojos azules lo último que vi.
Por primera vez en la vida tenía algo por lo que luchar y me sentía miserable porque sabía que iba a perder, pero no la batalla. Vi hacia Mónica que parecía torturada por mi dolor.
—Es la primera vez que te veo así… —No deje que siguiera, levan