EMILIA VEGA
Mientras corría entre las plantas de vid, Mónica iba unos cuantos pasos atrás, comiendo una manzana sin quitar su atención de mí. Ella era muy buena conmigo, aunque era molesto que me siguiera a todos lados como si fuera mi sombra.
—¿No te aburres? —pregunté volteando abruptamente hacia ella.
—No, es mi trabajo —contestó dándole otra mordida a su manzana.
—Trabajo que tú escogiste… —agregué acercándome a ella, entornando los ojos con desconfianza—. No tenías que pedir ser mi niñ