LISA GALINDO
—Me temo que tu única salida es que formalicemos lo nuestro… —dijo Antonio, tomándome por sorpresa mientras terminaba de retocar las fotografías del viñedo.
—¿Perdón?
—Creo que es obvio que Vega y tú no eran solo amigos…
—¿Te sorprenderías si te digo que… en realidad sí lo éramos? —dije escondiendo mi melancolía. Todo ese tiempo solo habíamos sido eso, amigos, nada más. Nuestro primer beso había sido entre llamas y esas mismas extinguieron lo que podría haber crecido en nuestros