ARTURO VEGA
La madera golpeó mi cuerpo, aplastándolo contra el suelo. Mi mirada se nubló y el humo me estaba complicando el respirar. Cuando levanté la mirada, supliqué por haber hecho las cosas bien y tomar la mejor elección. A un metro de mí, la mujer que había decidido salvar comenzaba a recobrar la razón mientras tosía, en cuanto se levantó supe que mis esfuerzos no habían sido en vano y pese al dolor, me sentí más tranquilo.
—¡Arturo! —exclamó esa hermosa pelirroja corriendo hacia mí, hin