Estaba teniendo un lunes hermoso en la oficina, libre de plagas molestas como el CEO Blackwood, pero entonces sonó el maldito teléfono. Era el teléfono de la oficina, y en ese mismo instante supe que significaba problemas.
Casi tentada a ignorar la llamada, finalmente contesté.
—Hola, señora —sonó la voz femenina al otro lado.
—Oh —murmuré al darme cuenta de que no era Maxwell quien hablaba, sino la recepcionista; reconocí su voz.
—Hola... Celine —respondí aliviada. No podía ser nada del otro m