El avión privado de Lucca Echevarrí descendía lentamente sobre la pista principal del aeropuerto Silvio Pettirossi, mientras el cielo de Asunción brillaba con tonos dorados y anaranjados. Era pleno verano en la República del Paraguay, una estación que parecía abrazar a los viajeros con un calor incansable, tan implacable como el carácter de su gente. A través de la ventanilla ovalada, Lucca pudo ver la extensión infinita de un cielo despejado, salpicado aquí y allá por nubes esponjosas que pare