Bárbara
Bastián no dijo nada durante el resto del camino, y Bárbara decidió guardar silencio también. Había algo pesado flotando en el aire, una carga compartida que ninguno parecía dispuesto a mencionar.
Una hora después, notó cómo Bastián comenzaba a cabecear, sus párpados luchaban por mantenerse abiertos hasta que finalmente se rindió al sueño. Su cabeza se apoyó contra el vidrio, y el movimiento del tren lo hizo inclinarse de forma incómoda. Bárbara lo observó por un momento, y luego, sin