-XIV-

Más enojado consigo mismo que por lo dicho por Seth, Keerd caminaba dirección a su casa con idea de pedirle perdón al chico.

Casi llegando, la puerta de la cabaña se abrió, asomando Daylhan. Ambos, mirándose fijamente, permanecían inmóviles.

Keerd se percató de una especie de bulto que el castaño llevaba en una mano y dio unos cuantos pasos hacia delante, con la intención de acercársele cuando, de repente, Daylhan extendió la otra mano gritando:

-NO-

Quieto. Así se que

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Maria de La Luz Hernandezjajajajaja, estuvo buena esa. Buena historia y concuerdo con las demás q es diferente.
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