Dar rienda suelta a lo que sentimos.
—Sarah despierta—oigo la voz de Mackenna y junto con fuertes sacudidas hace que abra mis ojos y me dé cuenta qué todo era un sueño.
—Respiras agitada y hacías gestos raros. Creí que te estaba dando un ataque—dice y lo miro confundida. Mi mano está sobre mi boca, mi corazón late muy acelerado. Y mis impulsos están alborotados. ¿O sea que las mujeres también tenemos sueños húmedos? Maldición Robert, si supieras los años que tengo sin los placeres del sexo no te hubieras metido en mis sueños. Era m