Isabel había sido dada de alta de la clínica y regresó a la mansión. La atmósfera era tensa; todos sabían que la situación había cambiado drásticamente. Isabel, aún débil, se sentó en el sofá, mirando a su alrededor con una mezcla de nostalgia y desafío.
—¿Dónde está Laura? —preguntó, su voz apenas un susurro, pero cargada de autoridad.
Guillermo que estaba presente, se acercó a ella y, con cautela, respondió:
—Está en su habitación, jugando. Isabel, necesitamos hablar de nuestra hija.
—¿Habl