Isabel se quedó sola en la habitación; el silencio era abrumador. Miró por la ventana, donde el sol comenzaba a asomarse, iluminando los árboles del jardín. La luz dorada le recordaba momentos felices al lado de su hija y Guillermo y la angustia se apoderó de ella nuevamente.
Isabel era una mujer de mirada intensa, con una determinación que a menudo la llevaba a tomar decisiones impulsivas. Su cabello castaño oscuro caía en ondas suaves sobre sus hombros, y su piel aún mostraba el desgaste de