El día amaneció brillante y soleado, pero la luz que entraba por la ventana de la habitación de Laura no lograba disipar la inquietud que sentía en su interior. La noche anterior, había escuchado gritos provenientes de la sala, y esos ecos aún resonaban en su mente. Se desesperó sintiendo que algo importante estaba ocurriendo. Un nudo en su estómago le indicaba que la calma de la mañana no duraría mucho.
Con un profundo suspiro, se levantó de la cama y se acercó a la puerta. La curiosidad y la